Una mirada irreverente

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El mundo de las sidras suele ser bastante clásico y artesanal en sus presentaciones. Por eso, cuando Malamaña llegó a nosotros con su promesa de romper la tradición, trabajamos en una identidad que reflejara su frescura e irreverencia.

El mercado de la sidra ha estado tradicionalmente ligado a una imagen clásica y artesanal, con marcas que enfatizan la tradición y los métodos de producción centenarios. Sin embargo, con el crecimiento de las bebidas innovadoras y dirigidas a consumidores jóvenes, surgió la necesidad de una propuesta fresca, irreverente y diferente.

En ese contexto, la identidad de Malamaña debía reflejar su esencia disruptiva y conectar con un público que busca experiencias auténticas y sin reglas preestablecidas. El desafío era crear una marca que se diferenciara no solo en sabor, sino también en personalidad y comunicación.

El encargo consistió en el desarrollo integral de la identidad de Malamaña, desde el naming hasta el diseño del packaging.

El primer paso fue el naming. Necesitábamos un nombre que capturara su esencia disruptiva, su carácter rebelde y su actitud desenfadada. Así nació Malamaña, una invitación a desafiar lo convencional y disfrutar sin reglas.

Con el nombre definido, diseñamos un empaque que reforzara su identidad audaz. La manzana, su insumo base, es el centro de la composición. Presta sus colores a las etiquetas y protagoniza una ilustración vibrante con un ojo en medio que funciona como una premonición de la experiencia Malamaña.

La tipografía desenfadada y la paleta de colores contrastante aportan dinamismo, asegurando que la marca destaque en las estanterías.

Más allá del aspecto visual, estructuramos un storytelling que conecta con un público joven y amante de experiencias auténticas. Malamaña no es solo una sidra, es una invitación a cambiar la manera de ver el día.